lunes, 28 de noviembre de 2011

Capitulo 2


La ceremonia de coronación en mi reino no es tan pomposa y no tiene tanta ceremonia como en otros lugares. Es muy simple y como tantas veces antes me colocaron la hermosa corona que indicaba mi posición como reina, pero yo apenas presté atendí e ella, estaba como en estado shock. ‘‘Mis padres acaban de morirmis padres acabando morir y es por mi culpa…’’ pensaba constantemente, repitiéndome esas palabras como si pudiera salvarles si no lo olvidara y no pensara en otra cosa. Mas en el momento en el que colocaron la corona sobre mi cabeza, fue como si me centrara y una voz en mi mente me susurro:
-Céntrate, ellos no murieron para que tú descuides el reino y dejes que lo invadan. Pensaban en que tuvieras una hermosa vida muy larga. No les defraudes mi niña, no les defraudes
Quizás fueron esas palabras las que me permitieron volver a usar la cabeza coherentemente. Me centre en preparar la fiesta de lo que debería haber sido mi cumpleaños, aunque en realidad fuera de mi coronación.
Decoramos todo, el salón de baile, tenía un aspecto precioso. Y el jardín era simplemente espectacular. En el mismo día de mi coronación, por la tarde, llegaron los primeros invitados los de los reinos mas lejanos que debían dormir en palacio pues algunos hasta llegaban a tardar una semana a caballo en llegar.
Y una semana mas tarde ya era el día del baile.
Me desperté nada mas salir el sol, y me puse a comprobar que todo estuviera en su sitio. La decoración, la comida, las luces, los músicosLuego me marche a mi cuarto a dormir una siesta y a darme una ducha. Pero no puede dormir, tal y como yo deseaba, tuve una pesadilla. Bueno mas bien un recuerdo.
Era de una clase de magia de hacía mucho tiempo. Estaba sentada en una mesa con mi libro de hechizos abierto, y trataba de concentrarme, pero todo parecía distraerme. Mi maestro Eloy, parecía mas joven, estaba cabreado. Me fije en su ceño fruncido. Hacia tanto tiempo que no le veía cabreado Entonces me dijo:
- Eleyla, ¿quieres dejar de distraerte, atender y leer el maldito libro?
- Si, Eloy.
En ese momento ví una hoja suelta. Sin que Eloy se percatara, la extendí, y observé que tenía un hechizo. Olvidando toda lección aprendida, se me ocurrió leerlo en un susurro. Salió de mis manos un rayo blanco, y yo entré en coma. La diferencia era que escuchaba y veía todo. Pero no desde mis ojos, si no como si estuviera viendo todo desde arriba. Observé mi cuerpo y luego Eloy palideció. Luego dijo el contrahechizo. Y me habló:
- Eleyla, no vuelvas a hacer eso nunca. Entiendes que sí yo no estaba aquí o sí no sabía el contrahechizo; te habrías quedado así de por vida. Además, solo yo y un hechicero de muy al norte lo conocemos. Te prohíbo volver a usarlo.
Asentí, muy asustada. Y momentáneamente me desperté sin apenas aire en los pulmones, y con Alys Tratando de que respirara correctamente.
Me di una ducha con agua fría para despejarme y fui a vestirme. Me puse un vestido largo con una falda muy amplia y de color champagne. Estaba decorada con brillos que parecían perlas brillantes, y tenía diversos fruncidos. Tenía las mangas largas, y en el final se habría, cayendo hacia abajo. Los zapatos eran unos tacones cerrados y del mismo color, pero mas suave. Alys colocó un collar con un precioso rubí tallado como colgante con una cadena de oro, y me dijo los pendientes a juego sobre la mesa.
Tras vestirme me dispuse a ir al gran salón de baile.
La orquesta ya estaba colocada, y tocando. Diversos invitados se movían al son de la música, y la mayoría se pararon a mirarme al bajar por las grandes escaleras.
La noche fue pasando y todos los invitados habían llegado ya, y habíamos cenado un gran banquete. En ese momento fue cuando les conté lo que había pasado con mis padres a todos aquellos que no lo sabían. Todos me dieron el pésame, pero a la vez me desearon un prospero reinado. La fiesta continuó como si nada hubiera pasado.
Me encontré mirando anheladamente a los bailarines, a esas grandes parejas que se movían con una gran elegancia. Jake se me acercó sin que me diera apenas cuenta y con un simple gesto me invito a bailar el vals que sonaba. Un paso a un lado y al otro, adelante y atrás, y luego girando y girando una vuelta sobre mi misma y otra vez Finalmente me inclino ligeramente, dejándome caer a los brazos de mi amado.
Baile otra canción con él y no hablamos, simplemente nos sonreímos, digamos que para mi fue perfecto. Pero claro el amor es ciego se dice, ¿no? Mas nuestra pequeña alegría rápidamente nos arrebataron. Se nos acercó Alexander, rey de un reino vecino de al lado. Tenía apenas diecinueve años, y hacia alrededor de cinco le había pasado algo similar a mi, sus padres habían muerto a la vez. La diferencia residía en que a los suyos los habían asesinado. Era un chico rubio que brillaba como el sol, con el pelo largo. Tenía los ojos verdes oscuros, con una expresión de alegría y descaro, ambas cosas combinadas. Iba vestido con un traje oscuro que realzaba su palidez. Y le pidió a Jake:
-Me dejas bailar con la dama.
-Por supuesto-contesto a regañadientes, disimulando su enfado.
Volví a la gran pista y el murmuro al lado de mi oído:
-Debemos hablar de algo muy importante salgamos afuera.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Mil millones de disculpas

Lo siento muchísimo, se que deberia haber subido ya el capítulo dos hace tiempo, pero entre examenes y que mi inspiracion no esta muy alla... en fin que lo siento y que intentaré que antes de que esta semana termine lo subire.
Para no dejaros con las manos vacias os dejo un pequeño adelanto:

Tenía que hacer algo, no podía permitir que le matara. ¿Un enemigo más y mantenerme fiel? ¿Una alianza que me permitiría no tener miedo, pero traicionarle? No se que debía hacer. Y debía decidir ya.

Bueno saludos... y mis disculpas ;)

viernes, 4 de noviembre de 2011

Capítulo 1

Por mediados de por marzo empezamos a preparar la celebracion de mi decimoséptimo cumpleaños. Haríamos una fiesta a lo grande. Una gran fiesta a la cual todos los nobles de mi reino y la mayoria del resto paises estabam invitados. Celebraríamos un baile para reestablecer viejas alianzas. En especial la del reino Nelyk, en el cual gobernaba David, y el sucesor era Jake. Este último es el chico del que estoy enamorada, y con el cual será imposible que me case. Tenemos un tratado de paz, y al morir mis padres o el suyo se anula. David lleva años tratando de buscar excusas de suficiente valor como para provocar una guerra.
Y llegó el día de mi cumpleaños, tan solo un día antes de la fabulosa fiesta.Al despertar, fui a mi armario y elegí un vestido verde. Sus mangas eran anchas y largas, era muy largo y se ceñía desde la cintura hasta arriba, dejándome los hombros al descubierto. Tenía intrincados dibujos y cosidos en dorado. Me puse mis zapatos con tacón de color dorado. Luego fui al baño para peinarme. Me recogí mi castaño pelo, pero no me gustaba así que lo deje suelto. Me puse una cinta de color áureo y verde para recogerlo hacía atrás. Después bajé a desayunar. Vi a mis padres sentados en la mesa del comedor, parecían nerviosos. Entonces, me vieron y mi madre dijo:
- ¿Te importa que desayunemos todos en nuestros aposentos?- señalándose así misma y a mi padre.
- No.
- Pues vallamos a nuestro cuarto.
Eran las once y yo había nacido a las doce, pero en ese momento no sabía la trascendencia que eso tendría sobre mi vida.
Subimos. Y me hablaron. Me contaron mi historia de nuevo. Como Una pareja de figuras se alejaron, en la penumbra de la noche, de la seguridad del palacio y se adentraron en el bosque. Iban cogidos de la mano. Como mis padres se internaron en lo más profundo del bosque. Allí se encontraron con la reina de las hadas, con la que habían quedado.

-¿Qué nos pides a cambio?- Preguntó Julio, mi padre.
- Me estáis solicitando una magia muy poderosa, así que solo podéis darme algo muy importante a cambio. Vuestras vidas, cuando la muchacha alcance los diecisiete años, vosotros pereceréis. ¿Trato?- Explicó la reina hada.
Los dos, el hombre y la mujer, intercambiaron una mirada y asintieron a la vez con firmeza. El hada pronunció un hechizo, todos en ese instante sintieron como un poco de su magia las abandonaba, pero nadie sabía que había pasado y, solo unos pocos porque sucedió. El hada dijo:
- Listo, durante veinticuatro horas, Sofía, dejarás de ser estéril. Julio, ha sido un placer pero debes enseñar a la niña magia. Ella tendrá un maestro que yo aportare, nadie sabrá nada de todo lo que no es común en ella y por supuesto la niña debe saberlo.
- Todo será cumplido Amaia, quédate tranquila.
- Adiós.
- Adiós, no olviden nada.
Tan bien me dijeron, como tantas veces el dia de mi nacimiento que fue especial para ambos.Entonces, nada mas que terminaron, susurré, pues temía que mi voz  me traicionara:

- Por favor, dcirme que es mentira. No podeis dejarme... es muy pronto...
- Cariño, este es nuestro regalo- habló mi madre, mientras me tendía su corona.- Reina sabiamente.
 Me fijé en la corona mientras la cogía, era distinta a como la recordaba. Y entonces sucedió. Mis padres estaban abrazados y una luz blanca y cegadora se llevó sus almas. Pero antes dijeron unas últimas palabras. Comenzó mi madre:
- Tú eres la primera. Iniciaste el linaje, pero no será tu hija la siguiente. Te quiero, cariño; y recuerda que debes mantenerte firme, te educamos para ello.
Luego mi padre:
- Te doy mi aprobación para que te cases con quién amas, es buen chico. Eres el quinto elemento y también la mejor hija que se puede desear, cuídate.
Luego se marcharon hacia la luz. Grité de dolor y desesperación.
Vinieron los criados al oír mi chillido. Enseguida lo comprendieron todo y la noticia corrió por todos los lugares: los reyes habían muerto el día del cumpleaños de la princesa Eleyla. Todos se apenaron, mis padres habían sido grandes reyes. Esperaban que yo fuero igual o mejor que ellos, ya que era su hija. Pero a mí me preocupaba otra cosa: el tratado de paz con el reino Nelyk. 
Yo debía negociar con David para que no hubiera una guerra. Y sobre todo estar preparada. David deseaba la guerra, pero yo no. No quería que murieran personas inocentes. Aunque ese no era el único motivo, había otro. Ese era el reino de Jake, y yo no podría soportar verle en el campo de batalla, y encima en el contrario. Tenía que pensar algo, ¡y pronto! Decidí que hablaría con Jake, de momento iba a meditar lo que mis padres me dijeron. No se podría hacer un funeral, porque sus cuerpos habían desaparecido.
Eran las nueve y media, así que cogí a mi caballo, Silver, y salí a galope. No tenía ganas de nada, salvo ver a Jake. Él lo comprendería todo. Era pronto, tendría que esperar un rato. Pero al pasar tan solo unos minutos, vi a Jake aparecer entre los árboles con su yegua, Casiopea.
- ¡Jake!
- ¡Eleyla! ¿Qué haces aquí tan pronto? ¿Qué te pasa?
Me puse en pie y corrí a sus brazos. Hundí mi rostro, lleno de lágrimas que volvían a asomar por mis ojos, en su hombro y sollocé:
- Mis padres... Mis padres han... han muerto.
- ¿Qué? Entonces, ¿eres ya reina? Además tenemos que renovar nuestro tratado de paz y...- dijo él, nervioso.
Le interrumpí con un beso. Apasionado y muy sincero. Mi mano se posó en su nuca. Nos olvidamos de todo y nos abandonamos al beso.
- Te quiero- me susurró al oído.
- Y yo- contesté- No sabes cuanto.
- No dejaré que mi padre intente atacar, ni que te haga daño. Haré todo lo que sea necesario para impedirlo.
- Tranquilízate, no hará falta. Mañana me coronaran y seguidamente enviaré a los mensajeros en todas las direcciones. Invitaré a un baile a todos lo reyes y reinas junto a sus familias de los reinos vecinos; eso os incluye. No podrá entrar en guerra en mitad de un baile con tanta gente importante por medio. Además, le pediré que se quede algo más de tiempo para renovar el tratado. Por cierto, debemos disimular. ¡Se supone que no nos conocemos! Si pasa algo...
- Eleyla- me interrumpió, muy serio- no pasará nada.
Le acaricié la cara y le tranquilicé:
- Vale, espero que me invites a bailar- añadí sonriendo.
- Por supuesto, señorita- dijo, mientras me hacía una reverencia.
Ambos nos reímos. Pero yo debía irme, me despedí con un beso y un gran abrazó. Galopé hasta mi castillo. Una vez allí, me fui a mi cuarto. Luego me permití el lujo de dormir.
Tuve un sueño muy extraño, a pesar de saber que era semihada, soñar con la reina de las hadas no era de lo más común, y sobre todo si te susurraba, una y otra vez:
- Has iniciado el linaje. Eres la primera. Cuatro torres, cuatro elementos: tierra, agua, fuego, aire; y tú eres el quinto la unión entre ellos. El poder supremo en un cuerpo humano, el que los controla a todos.
Esas frases quedarían grabadas de por vida en mi mente. No las entendía. No eran normales, carecían de sentido.¿Por que eran exactamente las mismas que las de mis padres? ¿Qué linaje? ¿De qué era la primera? ¿De qué torres hablaba? ¿Un quinto elemento? ¿El quinto elemento soy yo? ¿Un poder supremo? ¿En un cuerpo humano? ¿Qué, además, controla a todos? ¿Y ese poder supremo era yo? Tantas preguntas, tan pocas respuestas. Demasiadas dudas. Al fin y al cabo solo era un sueño. ¿O no? ¿Y si era algo más? ¿Y si no era tan solo un sueño? Solo tenía una cosa clara: nadie debía saber nada acerca de mi sueño. Lo sentía, no sabía por qué, pero no tenía que contar nada. Ni a Jake, ni mi a maestro, Eloy... Nadie, absolutamente nadie.